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sábado, 8 de diciembre de 2012

Biografía - Marqués de Sade: el verdadero - por Pablo Aravena

El Marqués de Sade

En todo el mundo está causando furor la Trilogía de libros "Cincuenta Sombras" (de Grey, más oscuras y liberadas) de la autora británica E.L. James (considerada por la revista Time como una de las 100 personas más influyentes del mundo este 2012).

En dicha trilogía, E. L . James originalmente se basó en un fanfic de Crepúsculo, sin sospechar que se convertiría posteriormente en el éxito mundial que hoy es. ¿La razón? Pues que es una novela erótica que mezcla escenas explícitas de sexo - algo que siempre va a atrapar al lector - con elementos de las prácticas de sadismo/masoquismo, dominación y sumisión, bondage y disciplina. Todo esto de la mano de una relación - que no podría catalogar precisamente de romántica - entre una recién salida de la universidad, Anastasia y un joven empresario de los negocios, millonario por cierto, Christian Grey.



 




La opinión general - y ya pondremos entradas de eso - es que la trilogía ruboriza. Que provoca, que escandaliza, que excita y que incluso las parejas se la están regalando unos a otros para avivar la pasión oculta y el desenfreno en sus relaciones. Y es que hay que decir que el mundo literario está sexualizado en este momento gracias a este acierto de E. L. James. Cualquiera diría que necesitábamos un toque de calor y erotismo duro y cruel en estos días.

Pues bien, esto me llevó a recopilar la biografía de quien realmente fue el precursor, el verdadero, el genio quizás, el escandaloso creador - o al menos su más reconocido exponente - de la escritura erótica. No esa erótica tierna y romántica, sino aquella dura, explícita, cruel y violenta.

Me refiero al Marqués de Sade.

Sí, porque hoy en día podemos mencionar su nombre o leer su obra, cosa que en el siglo XVIII y XIX estuvo terminantemente prohibido en varios lugares, a expensas de la persecución que en su contra llevó la Iglesia Católica, que incluyó su obra en el Índice de libros prohibidos.

¿Quién fue este mítico personaje capaz de escandalizar a una sociedad entera con su pluma? ¿Por qué lo menciono para mostrar que Cincuenta Sombras queda pequeño ante lo expuesto en sus obras?

Donatien Alphonse François de Sade, de título marqués (de ahí Marqués de Sade) nació en París en 1740. Filósofo de estudios pero escritor de alma y pasión, dedicó su obra a escribir novelas, cuentos, ensayos y dramaturgia, caracterizando la presencia de protagonistas capaces de sufrir las más aberrantes violaciones y experiencias en medio de un contexto capaz de justificar sus actos - los antihéroes abundan en sus textos.

Desde muy joven escribió criticando lo religioso y mostrando un ateísmo apodíctico, describió con lujo y detalles hasta lo más gráfico de las parafilias y los actos de violencia extrema unidos a la sexualidad y crueldad de las relaciones humanas, haciéndose valer de la idea que la virtud que pregonaba la Iglesia era una cosa detestable e imposible, manifestando la idea que lo que debía predominar era el vicio en todas sus formas.

Considerado un loco, un peligro para la sociedad, un enemigo de la Iglesia, y otros muchos títulos poco nobles, pasó veintisiete años de su vida encerrado entre cárceles y manicomios. Nunca dejó de escribir. Estuvo en la lista de condenados a la guillotina por el Imperio Francés.

Su obra más conocida y que le valió los mayores escándalos y encierros es Justine (o Los infortunios de la virtud) Y es que estuvo durante dos siglos circulando en forma clandestina!




Otras obras fueron:
- Juliette (o las prosperidades del vicio)
- Las 120 jornadas de Sodoma
- La filosofía en el tocador


Su obra ha sido reconocida como influencia por otros escritores como Flaubert, Dostoyevsky o Rimbaud. Apollinaire lo definió como :"el espíritu más libre que jamás ha existido".

Finalmente, qué más se puede decir de un autor cuyo nombre pasó en 1834 a ser sustantivo atribuido a la excitación producida por el cometer actos de crueldad sobre otra persona. (SADISMO) .

Les dejo un par de extractos de Justine:




"(...)La señora de Lorsange, entonces llamada Juliette, y de un carácter e inteligencia prácticamente tan formados como a los treinta años ––edad que alcanzaba en el momento que arranca la historia que vamos a relatar––, sólo pareció sensible al placer de ser libre, sin meditar un instante en las crueles desgracias que habían roto sus cadenas. A Justine, con doce años de edad como ya hemos dicho, su carácter sombrío y melancólico le hizo percibir mucho mejor todo el horror de su situación. Dotada de una ternura y una sensibilidad sorprendentes, en lugar de la maña y sutileza de su hermana sólo contaba con una ingenuidad y un candor que presagiaba que cayera en muchas trampas. Esta joven sumaba a tantas cualidades una fisonomía dulce, absolutamente diferente de aquella con que la naturaleza había embellecido a Juliette; de igual manera que se percibía el artificio, la astucia, la coquetería en los rasgos de ésta, se admiraba el pudor, la decencia y la timidez en la otra; un aire de virgen, unos grandes ojos azules, llenos de sentimiento y de interés, una piel deslumbrante, un talle grácil y flexible, una voz conmovedora, unos dientes de marfil y
los más bellos cabellos rubios, así era el retrato de esta encantadora menor, cuyas gracias ingenuas y rasgos delicados superan nuestros pinceles. Les dieron a ambas veinticuatro horas para abandonar el convento(...)"


"(...)sólo os citaré lo que me ocurrió en casa del señor Dubourg, uno de los más ricos comerciantes de la capital. La mujer en cuya casa me alojaba me encaminó hacia él, pues su crédito y riquezas podían
suavizar seguramente el rigor de mi suerte. Después de una larga espera en la antecámara de ese hombre, me hicieron pasar: el señor Dubourg, de cuarenta y ocho años de edad, acababa de salir de la cama, envuelto en una bata flotante que apenas ocultaba su agitación; se disponían a peinarle, ordenó que se
retiraran y me preguntó qué quería.
––¡Ay!, señor ––le contesté confusísima––, soy una pobre huérfana que todavía no tiene catorce años y que ya conoce todos los grados del infortunio. Imploro vuestra conmiseración, tened piedad de mí, os lo ruego.
Y entonces le detallé todos mis males, la dificultad de encontrar un trabajo, quizás incluso la pena que sentía en buscarlo, al no haber nacido para ese estado. La desgracia que había tenido, durante todo eso, de comerme lo poco que tenía... La falta de trabajo. La esperanza que tenía de que él podría facilitarme los medios de vivir. En suma, todo lo que dicta la elocuencia del infortunio, siempre presta en un alma sensible, siempre remisa en la opulencia... 
Después de haberme escuchado con escasa atención, el señor Dubourg me preguntó si yo había sido siempre buena.
No estaría tan pobre ni tan preocupada, señor ––le contesté––, si hubiera querido dejar de serlo.
––¿A título de qué ––me replicó a eso el señor Dubourg–– pretendes que las personas ricas te ayuden si tú no les sirves para nada?
––¿Y a qué servicio se refiere usted, señor? ––contesté––. No pido otra cosa que prestar aquello que la decencia y mi edad me permiten cumplir.
––Los servicios de una criatura como tú son poco útiles en una casa ––me contestó Dubourg––. No tienes edad ni constitución para colocarte como pides. Mejor harías en ocuparte de gustar a los hombres, y de trabajar en encontrar a alguien que quiera ocuparse de ti. Esta virtud que tanto exhibes no sirve de nada
en el mundo; por mucho que te arrodilles ante sus altares, su inútil incienso no te alimentará. La cosa que menos halaga a los hombres, aquella a la que prestan menos atención, la que desprecian más soberanamente, es la decencia de vuestro sexo: aquí sólo se aprecia, hija mía, lo que beneficia o lo que deleita. ¿Y qué beneficio puede significar para nosotros la virtud de las mujeres? Son sus desórdenes los que nos sirven y nos divierten, pero su castidad es lo que menos nos interesa. En una palabra, cuando las personas de nuestra clase dan, sólo es para recibir. Ahora bien, ¿cómo una chiquilla como tú puede agradecer lo que se hace por ella si no es abandonando cuanto se quiera su cuerpo?
––¡Oh, señor! ––contesté con el corazón henchido de suspiros––. ¿Ya no existe honradez ni beneficencia entre los hombres?
––Muy pocas ––replicó Dubourg––. Si se habla tanto de ellas, ¿cómo quieres que existan? Estamos de vuelta de esta manía de ayudar a los demás gratuitamente; se ha reconocido que los placeres de la caridad sólo eran goces del orgullo y, como nada se disipa con mayor rapidez, se han querido sensaciones más reales. Se ha visto que con una criatura como tú, por ejemplo, era mucho mejor quedarse como anticipo con todos los placeres que puede ofrecer la lujuria que con los muy fríos y muy futiles de aliviarla de manera
desinteresada. La reputación de un hombre liberal, caritativo, generoso, no es nada comparada, en el instante en que mejor se disfruta, con el más ligero placer de los sentidos.(...)"




Por supuesto, en Efecto Sinérgico lo tenemos en formato digital : DESCARGAR ACÁ (PDF)
Pero les advierto, y considerando inclusive la época en que la escribió, les va a provocar cosas (elogios y repulsiones).
Además y de regalo un link a una página con algunos de sus cuentos: AQUÍ

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Subido por Pablo Aravena
Efecto Sinérgico

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